Cultura y paisaje

Mil y un lugares para visitar y disfrutar

Cultura y paisaje

Mil y un lugares para visitar y disfrutar

Goya y Lucientes, Francisco de

Fuendetodos, Zaragoza, 30.3.1746 - Burdeos (Francia), 16.4.1828

Goya nació accidentalmente en Fuendetodos, pueblo de su familia materna. Braulio José Goya, dorador, de ascendencia vizcaína, y Gracia Lucientes, de familia campesina acomodada, residían en Zaragoza, donde contrajeron matrimonio en 1736. Francisco fue el cuarto de seis hermanos: Rita (1737); Tomás (1739), dorador también, citado a veces como pintor; Jacinta (1743); Mariano (1750), muerto en la infancia, y Camilo (1753), eclesiástico y capellán desde 1784 de la colegiata de Chinchón. Tras la escuela, que la tradición acepta con reservas como la de los padres escolapios de Zaragoza, entró en el taller de José Luzán (1710-1785), hijo también de un dorador vecino de los Goya, de formación napolitana y vinculado a la Academia de Dibujo. Javier Goya, en las notas biográficas sobre su padre para la Academia de San Fernando (1832), aseguraba que “estudió el dibujo desde los trece años en la Academia de Zaragoza bajo la dirección de José Luzán”, y Goya, en la autobiografía del catálogo del Museo del Prado (1828), decía que le “había dado a copiar las más bellas estampas que tenía”, aunque en sus primeras obras conocidas apenas hay huellas del estilo tardo-barroco de aquél. Más adelante siguió su formación con Francisco Bayeu Subías (1734-1795), relacionado por lejano parentesco con los Goya, y que, años después, sería su cuñado por esa unión tradicional entre familias de artistas. En 1771, la Academia de Parma citaba a Goya como “scolaro del Signor Francesco Vajeu” y lo confirmaba él mismo en 1783, con motivo del matrimonio de su cuñada María Bayeu, a la que conocía desde hacía veinte años por haber estudiado “en casa” de Bayeu. Después de los modestos inicios en Aragón, donde se le atribuye, de hacia 1765, el relicario, destruido, de la parroquia de Fuendetodos ....

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La maja desnuda

1795 - 1800. Óleo sobre lienzo, 97,3 x 190,6 cm.

Sigue la tipología tradicional de la diosa Venus tendida sobre el lecho. La primera mención de esta obra data de noviembre de 1800, en la descripción del palacio de Godoy del grabador Pedro González de Sepúlveda, durante la visita que hizo en compañía de Juan Agustín Ceán Bermúdez y del arquitecto Pedro de Arnal. Colgaba allí en un "gavinete interior" junto con otras Venus, aunque no hizo de ella gran aprecio en su Diario: "Una [Venus] desnuda de Goya pero sin divujo ni gracia en el colorido"....

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La maja vestida

1800 - 1807. Óleo sobre lienzo, 94,7 x 188 cm.

Se menciona por primera vez a fines de enero de 1808, junto a La maja desnuda, en el inventario de los bienes de Manuel Godoy realizado por Frédéric Quilliet, que registra estas obras como "Gitanas", seguramente por el atuendo de la vestida. En el inventario de los bienes incautados a Godoy efectuado en 1813 se describe una Venus vestida en el inventario de 1813, con las pinturas aún en el palacio contiguo al convento de Doña María de Aragón, se describe como una "Venus" vestida. En el posterior inventario de 1814, cuando los bienes incautados ya se hallaban en el Depósito General de Secuestros,...

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El quitasol

1777. Óleo sobre lienzo, 104 x 152 cm.

Cartón para tapiz cuyo motivo principal es una elegante joven, a la que un majo protege del sol con una sombrilla o quitasol. Pudo tener como modelo una obra del pintor francés Jean Ranc, Vertumno y Pomona, ahora en el Musée Fabre, de Montpellier, aunque Goya transformó el asunto mitológico en una escena de la vida moderna. La vista en perspectiva de abajo arriba, y su formato, indican que estaba destinado a decorar una sobreventana. El tapiz resultante de este cartón colgaba en el comedor de los príncipes de Asturias (el futuro Carlos IV y su esposa María Luisa de Parma) en el Palacio de El Pardo en Madrid. La serie de la que forma parte se componía de diez tapices de asuntos "campestres" (todos conservados en el Museo del Prado), siendo su composición ya en estos años de invención del propio Goya, como consta en los documentos relativos al encargo.

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El cacharrero

1778 - 1779. Óleo sobre lienzo, 259 x 220 cm.

El cacharrero es una escena compleja, que presenta la vida en la ciudad, de apariencia callejera y cotidiana. Un cacharrero valenciano, por su atuendo característico, ha distribuido su mercancía en el suelo, que vende a dos jóvenes y una vieja. Al fondo, una carroza pasa rápida, con una elegante dama en su interior, a la que miran dos caballeros sentados de espaldas...

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El pelele

1791 - 1792. Óleo sobre lienzo, 267 x 160 cm.

Cuatro jóvenes vestidas de majas mantean un pelele en un entorno de paisaje frondoso, atravesado por un río, con la presencia de un edificio de piedra al fondo. El juego, practicado durante algunas fiestas populares y rito de despedida de la soltería, simboliza aquí el poder de la mujer sobre el hombre, asunto general de este conjunto y repetido en la obra de Goya, con ejemplos en las series de grabados de los Caprichos y de los Disparates, así como en sus álbumes de dibujos....

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El bebedor

1777. Óleo sobre lienzo, 107 x 151 cm.

Cartón para tapiz con cinco personajes. Sentado a la sombra de los árboles un joven, en primer plano, bebe vino de una bota, mientras que el muchacho que le acompaña, mirando pensativo al espectador, come un nabo, tomado de los que en primer plano forman el frugal bodegón con la hogaza de pan. La escena ha sido interpretada como una alegoría de la glotonería, representada aquí por los personajes principales del Lazarillo de Tormes, identificados con el muchacho de la caña y el ciego bebedor. El formato y la vista en perspectiva de abajo arriba indican que se trataba de la decoración de una sobreventana. El tapiz resultante de este cartón estaba destinado a decorar una sobreventana del comedor de los príncipes de Asturias (el futuro Carlos IV y su esposa María Luisa de Parma) en el Palacio de El Pardo en Madrid. La serie de la que forma parte se componía de diez tapices de asuntos "campestres" (todos conservados en el Museo del Prado, P00768-P00777), siendo su composición ya en estos años de invención del propio Goya, como consta en los documentos relativos al encargo.

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La vendimia o El Otoño

1786. Óleo sobre lienzo, 267,5 x 190,5 cm.

El Otoño, estación del dios Baco, se transforma aquí en una vendimia moderna, en que un joven majo, sentado sobre un murete de piedra y vestido de amarillo, color que simboliza el otoño, ofrece a una dama un racimo de uvas negras. El elegante niño, intenta alcanzar las uvas, reservadas, sin embargo, a los adultos. Tras ellos, una campesina lleva sobre su cabeza, con dignidad y apostura clásicas, una cesta llena de uvas, que trae de los campos del fondo. En ellos, los campesinos se afanan en la recogida del fruto, inclinados sobre las viñas, mientras uno se yergue mirando a sus señores....

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El general Antonio Ricardos

1793. Óleo sobre lienzo, 112 x 84 cm.

El general don Antonio Ricardos y Carrillo nació en Barbastro (Aragón) el 12 de septiembre de 1727. Se educó en Cádiz y a los catorce años entró en el ejército como capitán de caballería del Regimiento de Malta, del que su padre era coronel, combatiendo en Italia (1743-47) y Portugal (1762), en la defensa de Orán (1763) y en la expedición de Argel (1773). En 1764 fue destinado a Veracruz, para reformar el ejército de Nueva España, y en 1768 formó parte de la comisión hispano-francesa para delimitar las fronteras con Francia…

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La lechera de Burdeos

Hacia 1827. Óleo sobre lienzo, 74 x 68 cm.

La figura se ha considerado tradicionalmente como una lechera, subida a lomos de una mula y transportando un cántaro rebosante de leche, seguía la tradición de las figuras de oficios y profesiones, que se inició en el arte europeo con los primeros ejemplos italianos de principios del siglo XVII. La primera mención del cuadro aparece en una carta de Leocadia Zorrilla, compañera o ama de llaves de Goya en Burdeos, que dirige en 1830 a Juan Bautista de Muguiro...

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Niños con perros de presa

1786. Óleo sobre lienzo, 112 x 145 cm.

Dos niños llevan de sus correas a dos grandes perros de presa, provistos de sendos bozales. En el collar de uno de ellos hay una inscripción incompleta, "DEL So R", tal vez correspondiente a "Soy del Servicio Real". El tapiz resultante de este cartón formaba parte de los que iban a decorar el comedor (?) de los Príncipes de Asturias (el futuro Carlos IV y su esposa María Luisa de Parma) en el palacio de El Pardo, encargo de 1786-1787. Su formato indica que era para la decoración de una sobrepuerta, formando pareja con la del Niño montando un carnero, cuyo cartón conserva en la actualidad el Art Institute de Chicago. La serie iba a consistir en trece tapices con el tema de las Cuatro Estaciones y otras escenas campestres, descritas como "Pinturas de asuntos jocosos y agradables". Los tapices no llegaron a colgarse en su destino por la muerte de Carlos III, ocurrida en diciembre de 1788. El Museo del Prado conserva once cartones y uno de los seis bocetos preparatorios conocidos.

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El 3 de mayo en Madrid o ''Los fusilamientos''

1814. Óleo sobre lienzo, 268 x 347 cm.

Finalizada la guerra de la Independencia en 1813, el regreso a España de Fernando VII se había conocido desde diciembre de 1813, por el tratado de Valençay, así como su consiguiente entrada en Madrid. A principios de febrero la cuestión era inminente, habiéndole enviado el Consejo de la Regencia las condiciones para su vuelta al trono, en primer lugar, la jura de la Constitución de 1812. Su llegada a la capital iba a coincidir con la primera conmemoración del alzamiento del pueblo de Madrid contra los franceses el 2 de mayo de 1808. Entre febrero y marzo de 1814, el infante don Luís María de Borbón y Vallabriga, presidente del Consejo de la Regencia, así como las Cortes y el Ayuntamiento de Madrid, comenzaron la preparación de los actos para la entrada del rey. En la bibliografía sobre "El 2 de mayo de 1808 en Madrid" o "La lucha con los mamelucos" (P748), y su compañero, El "3 de mayo de 1808 en Madrid" o "Los fusilamientos", se fue consolidando, erróneamente, la idea de que estas obras fueron pintadas con un destino público en las calles de la capital....

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La Sagrada Familia con san Juan Bautista niño

1775 - 1780. Óleo sobre lienzo, 203 x 143 cm.

La composición piramidal y las formas prietas y torneadas, tanto en las anatomías como en los ropajes, subrayadas por la intensidad de la luz, indican aún un influjo directo de Anton Rafael Mengs. El tratamiento del asunto también denota la cercanía de la obra al período italiano de Goya, en donde tendría ocasión de estudiar los numerosos modelos del mismo tema. Estas figuras infantiles enlazan con otros niños de la pintura de Goya y dan una nota de originalidad y realismo a una escena considerada convencional. Las medidas indican el destino de esta obra como cuadro de altar, pero no existe documentación temprana de la obra anterior a la mención que hace de ella Valentín Carderera, en 1838, en la colección del duque de Noblejas.

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La última comunión de san José de Calasanz

Museo Nacional del Prado. Madrid 30/10/2018 - 30/10/2019

El Museo del Prado y la Fundación Amigos del Museo del Prado presentan "La última comunión de san José de Calasanz", obra realizada por Goya que gracias a la colaboración de la Orden de las Escuelas Pías de la provincia de Betania, su propietaria, permanecerá en la sala 66 del edificio Villanueva como préstamo durante un año, prorrogable por otro. La incorporación temporal de esta pintura a las colecciones del Museo adquiere una especial relevancia al tener lugar coincidiendo con la celebración de los doscientos años desde que éste abriera sus puertas en 1819, el mismo año en que fue pintada la obra....

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La pradera de San Isidro

1788. Óleo sobre lienzo sin forrar, 41,9 x 90,8 cm.

La Pradera de San Isidro recrea la zona de Madrid situada entre la ermita de San Isidro y el río Manzanares, con la vista de la ciudad al fondo, en la que se reconocen los principales monumentos, desde el Palacio Real, a la izquierda, hasta la gran cúpula de la iglesia de San Francisco el Grande, a la derecha. La muchedumbre aparece representada durante la festividad del santo labrador, patrono de Madrid, que se celebra el 15 de mayo. Se trata del boceto preparatorio para la escena principal del conjunto de tapices pensados para la decoración del dormitorio de las Infantas, las hijas del futuro Carlos IV (1748-1819) y María Luisa de Parma (1751-1818), en el Palacio de El Pardo en Madrid. Goya recibió el encargo en 1787, pero la muerte de Carlos III, en diciembre del año siguiente (1716-1788), interrumpió este proyecto, ya que su sucesor, Carlos IV, favoreció otros Sitios Reales, como el Palacio de La Granja, el Palacio de Aranjuez y El Escorial. Se conocen cinco bocetos, tres en el Museo del Prado, y sólo un cartón, La gallina ciega, el único que llegó a pintar Goya para este conjunto, conservado también en el Museo del Prado.

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Las floreras o La Primavera

1786. Óleo sobre lienzo, 277 x 192 cm.

La Primavera, representada tradicionalmente como una escena relativa a la diosa Flora, se transforma aquí en una ofrenda de flores contemporánea, que tiene lugar en un soleado paisaje primaveral. Una joven, vestida con el atuendo de las majas, entrega flores a la señora que pasea con su niña, mientras un campesino a su espalda pretende sorprenderla con un conejo, símbolo también de la primavera. Las altas montañas del fondo recuerdan a la sierra de Gredos, cerca de Arenas de San Pedro en Ávila, donde Goya había pasado dos veranos trabajando para el infante Don Luis, o a la de Guadarrama, en las cercanías de Madrid. El tapiz resultante de este cartón formaba parte de los que iban a decorar el comedor (?) de los Príncipes de Asturias (el futuro Carlos IV y su esposa María Luisa de Parma) en el palacio de El Pardo, encargo de 1786-1787....

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El columpio

1779. Óleo sobre lienzo, 260 x 165 cm.

Este cartón, pareja de Las lavanderas (P-786), representa una excursión campestre de tres mujeres con cuatro niños elegantemente vestidos y su perro. El muchacho sentado tira de una cuerda para columpiar a una de las mujeres, vestida de maja, mientras que el menor, llevado por las andaderas sostenidas por una criada, ofrece una flor a las muchachas, imitando el galanteo de los adultos. El tapiz resultante estaba destinado a la decoración del antedormitorio de los príncipes de Asturias (el futuro Carlos IV y su mujer María Luisa de Parma) en el Palacio de El Pardo de Madrid. Las dos escenas, de trasfondo galante, protagonizadas por figuras femeninas, Las lavanderas y El columpio, se contraponían a las que mostraban la arrogancia o la bravura masculina, El resguardo de tabacos y La novillada, colgando las cuatro enfrentadas las unas a las otras en la misma sala. La serie de la que formaba parte, fechada entre 1777 y 1780, estaba compuesta por trece cartones de asuntos variados, de los cuales diez se conservan en el Museo del Prado.

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El ciego de la guitarra

1778. Óleo sobre lienzo, 260 x 311 cm.

El motivo central de la obra es el ciego que, acompañado de su lazarillo, va difundiendo con sus coplas sencillas, cantadas al son de la guitarra, noticias generalmente de carácter dramático y truculento, que constituían los argumentos de las llamadas "coplas de ciego". Su canto despierta el interés de una variada audiencia, cuyos componentes expresan sus emociones, desde la displicencia del caballero elegante, un "extranjero" según lo describía Goya en la factura del cartón a la Fábrica de Tapices, hasta la fascinación del aguador negro o de la joven y los mozos del pueblo. El tapiz resultante estuvo destinado originalmente al dormitorio de los príncipes de Asturias (el futuro Carlos IV y su mujer María Luisa de Parma) en el palacio de El Pardo de Madrid, pero se sustituyó por El juego de pelota (P00784) y pasó a ocupar el paño central del antedormitorio. La serie de la que formaba parte, fechada entre 1777 y 1780 estaba compuesta por trece cartones de asuntos variados, de los cuales diez se conservan en el Museo del Prado (P00743, P00778, P00785-P00792). Este cartón entregado por Goya el 27 de abril de 1778 fue devuelto al artista el 26 de octubre del mismo año por orden de Francisco Sabatini "para corregir en él y concluir lo que estaba indicado y le hacía imposible de poderse copiar en tapicería". No se tiene noticia de su entrega definitiva, aunque el importe del cuadro, 10.000 reales, había sido pagado ya por la factura del 1 de mayo de 1778.

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El juego de pelota a pala

1779. Óleo sobre lienzo, 261 x 470 cm.

Goya subrayaba en la factura de entrega del cartón a la Fábrica de Tapices de Santa Bárbara el número elevado de figuras que había incluido, las tres parejas de jugadores, cada uno ocupando su posición exacta en el juego, como delantero, central y zaguero, y a veinticinco figuras más, de hombres de todas las edades mirando el juego en grupos variados y en distintas actitudes. De origen francés, los juegos de pelota se extendieron por España, teniendo gran éxito sobre todo en el País Vasco, donde ya entonces cada pueblo tenía su frontón. Goya representó aquí un momento concreto del juego, cuando la pelota, en el suelo, ha alcanzado la chaza, lugar donde se detiene la pelota antes de que llegue a la raya señalada para ganar, y adonde señala interesado uno de los asistentes. El tapiz resultante estaba destinado a la decoración del paño de pared más importante del dormitorio de los príncipes de Asturias (el futuro Carlos IV y su mujer María Luisa de Parma) en el Palacio de El Pardo, cercano a Madrid, en la que sustituyó a El ciego de la guitarra, destinado finalmente al Antedormitorio. La serie de la que formó parte, fechada entre 1778 y 1779, estaba compuesta por siete cartones de asuntos varios, de los que seis conserva el Museo del Prado.

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